Archivos de la categoría ‘Aca tá’

¡Vuelve Schummy!

Julio 29, 2009

Mientras tipeaba los signos de admiración del título, no dejaba de sorprenderme de mi propia actitud. Lo cierto es que me preocupó bastante el accidente de Massa (soy de los que ve carreras de autos, no carnicerías) y me hizo acordar de lo mucho que extraño a Senna; a si que el regreso de Michael Schumacher a la F1, por sus innegables características como piloto, no deja de ser alentador.

Además, quiero ver como le rompe el culo a Hamilton mientras Alonso se lo rompe a él

Alfonso s’Entrega

Marzo 31, 2009

Salimos de una guerra, y los primeros rayos de una tibia democracia comenzaron a templar nuestro ánimo. Era necesario haber estado distraído los últimos ciento setenta años de historia, para pensar que el solo hecho de votar nos colocaría en situación de convertirnos en una de las potencias económicas, sociales, tecnológicas o industriales de la tierra.

Y ahí estaba él, con sus trajes de dos botones de clase media, con su bigote y su saludo triunfal. Nos prometía mucho … ¿quién no?, pero más allá de sus palabras, sabíamos que con él buscaríamos la paz.

El 10 de diciembre de 1983 fue un día de fiesta. Fue el día donde la esperanza se instaló en todos los corazones. Eramos democráticamente demasiado jóvenes como para el cinismo. Entonces, queríamos creer y creímos que con la democracia se come, se cura y se educa. Después nos enteraríamos que entre lo programático y lo instrumental, existen muchos factores que influyen, y que los que más influyen, y cada vez más, son los mismos políticos. Decir que esa influencia es excluyente, sería lavarnos las manos, pero ….

El 9 de Julio de 1989, Alfonso entregó el bastón presidencial, manija simbólica de una sartén que tal vez nunca más tuvo  desde 1985.

Después fue vituperado, defenestrado, humillado y ridiculizado; y varios fuimos cómplices, desde la agresión o desde el silencio.

Nada de lo que siguió fue mejor. Nada de lo que viene parece serlo. Vamos camino a ser un territorio sin ley, un rejunte sin nacionalidad. Acaso estamos viviendo el mismo proceso que Australia, pero a la inversa.

Gracias, Raúl, por la esperanza a borbotones. La historia te juzgará más allá de los ecos del Pacto de Olivos, de la Obediencia Debida y el Punto Final, del Cáncer y del Juicio a las Juntas; y creo que en esa oportunidad, se dirá de vos que tuviste todo para cambiar las cosas, pero -como dijiste en tu último discurso presidencial- no supiste, no quisiste o no pudiste.

Con todo el pueblo detrás tuyo, eso no era excusa.

¡Qué frase!

Marzo 30, 2009

De las cosas que me gustan (y que puedo confesar), una es la Fórmula Uno.

Dentro de ese circo que mueve parafernalia por millones y millones de Euros, hay joyas que no hacen más que hacerme reafirmar que -al final de todo- siempre está el hombre para hacer la diferencia.

Lo vimos con Senna, antes con Villeneuve, y en los albores de la categoría, con el Quíntuple.

Y es tan cierto que el hombre siempre hará la diferencia, como que esa diferencia puede ser para mejor, o para peor.

Sabiendo esto, lean lo que dijo Fernando Alonso al describir su situación en la largada del Gran Premio de Australia:

“Pensé en coger el interior y evitar el accidente, pero ví que Nakajima estaba detrás y seguramente me hubiese llevado por delante”.

Gracias por la magia, Fernando.

Gracias por la magia, Kasuki. Sos digno hijo de Satoru.

Gracias thecantersport por la publicación de la nota.

Los días más tristes de los años más felices

Marzo 10, 2009

Fueron siete largos años … siete.

Años en los que, creyendo que se debía a las bondades de Córdoba, ansiaba estar de vacaciones.

Años en los que, hiciera lo que hiciera, era lo que era.

No la pasé nada bien en la escuela primaria. No.

Sería porque al principio debía pararme al lado del pupitre para escribir, o porque la maestra dejó que todos se burlaran cuando -en primer grado- conté que había faltado porque tenía cien grados de fiebre.

Sería porque mi cumpleaños caía en las vacaciones, y entonces no había torta y caramelos en el aula.

Sería porque no me gustaba hacer la tarea de Manualidades, y en segundo grado tuve un “Insuficiente”

Sería porque me cortaba el pelo mi vieja, y me vestía con lo que heredaba de mis hermanos.

Sería porque era medio fulero, y entonces no atraía a las maestras.

Sería porque una vez tuve piojos

Tal vez.

Lo cierto es que me tomaron de punto esos siete años..

Hablo de mis compañeros …

… de las maestras …

… de la Regente …

… hasta del portero.

Nunca fui San Martín …

… ni siquiera granadero.

Una vez fui soldado realista, y para morir bajo la bayoneta de Mariana Velez.

La cosa es que la pasé muy mal, pero me hizo muy bien.

Cambiar de escuela para cursar la secundaria en otro lado, fue más una cuestión de estrategia que un tema de vocación.

La señal llegó rápido.

En el exámen de ingreso, el langa del grado (que también estaba cambiando de escuela -por vocación-), ese que una vez  me dictó todas las respuestas incorrectas en una prueba de matemáticas de un no muy lejano quinto grado, quiso sentarse al lado mío.

“Como una broma más”, pensaba yo.

Comenzó el examen y notaba que mi compañero estaba muy nervioso. Veo su hoja, y advierto que había cometido un error. En vez de trazar un círculo de seis centímetros de diámetro, trazó uno de seis centímetros de radio.

Le soplé la respuesta correcta, y tuvo tiempo de corregir el error.

Eso le permitió alcanzar justo los puntos que necesitaba para ingresar a la Secundaria. Por mi parte, yo logré alcanzar la segunda calificación más alta del examen.

A partir de segundo año seríamos compañeros, y hacia cuarto, casi amigos. Hoy es una de las personas que recuerdo con más cariño.

Hace poco lo encontré en Facebook. Y con él, a muchos de mis compañeros de la primaria.

Me da gusto estar en contacto con ellos, pero no termino de descifrar el por qué.

Tal vez, por esa tendencia a idealizar el pasado.

Probablemente, porque esos recuerdos ingratos también disparan las memorias de las delicias de mi niñez.

Acaso, porque estoy felíz con mi vida, y me gustaría que vean que no soy el perdedor que ellos creían.

Si me contacto con ellos por esto último, será que estaban en lo cierto.

En todo caso, estoy contento, sobre todo porque en todas las fotos que subieron, se acordaron de mi apellido.

¡Se devela la incógnita¡

Febrero 9, 2009

Hace unos meses, hice referencia al niño que ilustra el frasco de mermelada “Raulito”

Pues bien. ¡El momento ha llegado!

¡¡HELO AQUÍ EN TODA SU MANUFICENCIA!!

Te voy a dejar la boca como el nene de la mermelada Raulito

Mi amor: Te voy a dejar la boca como el nene de la mermelada Raulito

Doblajes

Febrero 8, 2009

Eran los años 80, y Dolina nos hacía reir en la madrugada con “La Familia Ingallini”, contándonos las desventuras de Michelángelo Ingallini y los suyos.

Hoy encontré una variación del mismo recurso humorístico. Acá se los dejo.

Disfrutenlón.

Las diez frases más grossas de la historia del cine

Enero 28, 2009

A pesar del rotundo fracaso del listado anterior, que se refería a la música, ahí voy

1º) Fredo: Sé que fuiste tu … me rompiste el corazón. (El Padrino II)

2º) No necesito guardaespaldas, necesito abogados. (El Padrino III)

3º) ¿A si que te gusta el mambo, pelotudo?. ¡Dale!, ¡bailá … bailá! (Gatica, el Mono)

4º) A mi lo que me mata, es la paja (Gatica, el Mono)

5º) Yo nunca me metí en política … siempre fui peronista (Gatica, El Mono)

6º) ¿Qué pretende usted de mi? (Coca Sarli dixit)

7º) Comienza con una escala sencilla, casi infantil … y de pronto … allá en lo alto … el oboe, invadiendo cada espacio. Era como la voz de Dios bendiciendo a todo el auditorio. (Amadeus)

8º) ¿Te parece gracioso? (Buenos Muchachos)

9º) ¿Qué joroba? (El Joven Frankenstein)

10º) Perdoname, papito … me he cogido a tantos pelotudos, que no me puedo acordar de todos (Gatica. El Mono)

Se aceptan sugerencias.

PD: Siiiii, me encantó el guión de Gatica

2009

Diciembre 30, 2008

Es el año en que todo puede pasar.

O en el que no va a pasar nada.

Como sea, allí estaremos

Darse cuenta de eso, no es poco.

Les dejo una semblanza de los viejos buenos tiempos

Ya se acerca Nochebuena

Diciembre 24, 2008

Era el año 1997. Hacía pocos meses que yo me desempeñaba en la Justicia, como sumariante de Policía Judicial, y estaba asignado a una Unidad Judicial de un barrio alejado del centro cordobés.

Y por supuesto, como era el nuevo, me tocó cubrir servicios el 24 de Diciembre a la noche.

La Unidad Judicial compartía edificio con la comisaría de la zona, a si que yo me imaginaba que esa iba a ser una noche al estilo “El Bonaerense”.

A las 16,00hs., me hice cargo de la oficina. Durante esa tarde, vi como los comerciantes y empresarios de la zona se acercaron a la comisaría para dejar algún presente para el comisario, quien había dejado expresas directivas de que todo eso quedaba para el personal que debía cubrir servicios.

Así, a las 21,00hs. ya había suficiente bebida fría y comida como para recibir la Navidad; y el lechón que habíamos comprado y que le habíamos pedido al panadero que nos horneara, estaba listo.

La tarde y la noche había estado más que tranquila. La gente estaba en otra cosa, y la Justicia era -al menos ese día- un servicio prescindible.

Tras la cena, y mientras nos preparábamos para el brindis, observé que un auto detenerse frente a la comisaría. De él bajó un hombre de cerca de 65 años, que caminó decidido hacia la puerta de la Unidad Judicial.

Salí a su encuentro y lo recibí en el despacho. Eran las 23,30hs. Ahí el hombre comenzó a decirme que había tenido un accidente de tránsito, y que necesitaba orientación al respecto. Le pregunté si había habido lesionados, y me dijo que no -la cuestión, entonces, no era de la Justicia Penal-. No obstante, le consulté por los daños, y me dijo que el hecho había ocurrido con el auto en el que se conducía, el cual ya había arreglado, porque el choque había sido hacía como dos años.

Presté más atención en el viejo, y ahí me dí cuenta de todo. Él se había preparado todo el día para recibir la Navidad, se había cambiado, se había subido a su Renault 12 impecablemente limpio, y había salido a saludar a sus conocidos, acaso buscando algún lugar donde lo “sorprendieran” las doce campanadas.

Evidentemente, no había logrado instar el convite, y había recalado en el único lugar abierto a esa hora: La Unidad Judicial.

Inmediatamente, le propuse que nos acompañara en el brindis de las doce, y que después con todo gusto lo asesoraría en relación al (supuesto) choque. Tras su tímida y tibia negativa y una enfática insistencia de mi parte, el hombre aceptó; tuvo su lugar en la mesa, amablemente rechazó caranchear el lechón mientras llegaban las doce, y alegremente levantó su copa para festejar el nacimiento de Jesús.

Las horas que siguieron se fueron en anécdotas. Así supimos que el hombre había enviudado hacía poco, y que sus hijos estaban lo suficientemente lejos como para evitar pasar una Nochebuena tristes por el recuerdo de la madre que ya no estaba. Del choque ni se habló.

A las tres de la mañana (dos horas después de que mi turno hubiera finalizado) nos despedimos del hombre, que subió a su Renault 12 y volvió a su vida. Me pregunto si alguna vez le habrá confesado a alguien la “vergüenza” de haber pasado la Nochebuena entre policías y un joven e inexperto tinterillo judicial.

No lo se. Por mi parte, puedo asegurar que fue una de las mejores Nochebuenas de toda mi vida, acaso porque esa noche sentí el verdadero espíritu de esa festividad; que no es otro que agradecer y recordar que siempre hay una humilde puerta que se abre, y que por ese simple hecho, esa puerta es mucho más valiosa que cualquier portal ornamentado en oro .

Para los que creen, los que no, los que piensan que ésta es una noche más, y los que saben que es un día en que el milagro se repite.

Para los que esperan con alegría, para los desengañados y para los que sólo esperan.

También para los que esperan solos.

Para los optimistas, para los que no. Para los escépticos y para los cándidos.

Para los que esperan a Papá Noel, o al Niño Jesús, o al tío Rubén disfrazado. Para los que esperan una mesa obscenamente repleta, o para los que se la rebuscarán hasta última hora para poner una sidra sobre los tablones.

Para ustedes, que están allá.

Para los que están acá, pero da lo mismo.

Para todos … Felíz Navidad

Hace 19 años que tengo 19 años

Diciembre 11, 2008

Once de diciembre de 1989. En un año que había sido bastante movido (desde todo punto de vista), ese día me encontraba a poco de haberme mudado a Córdoba, extrañando Buenos Aires y tal vez deseando volver, aunque ya por entonces sabía que la suerte estaba echada.

Solo, solito y solo en muchos sentidos. Así me sentía (a fuer de ser desagradecido con quienes me rodeaban por entonces). La distancia pegaba fuerte, y Córdoba se mostraba hostil a mis ojos.

Recién comenzaba mi carrera universitaria. Tanteando, nomás, lo que recién años más tarde, y ya en la función, aceptaría como mi vocación.

Todo incipiente. Todo por hacer. No obstante, sabía que empezaba uno de los mejores años de mi vida; sencillamente porque a los diecinueve años uno sabe que nunca estará más cerca de ser el dueño del mundo.

Parece mentira, uno ve a la distancia que por ese entonces, sin tener nada, uno tenía todo; y ahora que en lo material puede decir que se tiene algo, sabe que eso es sólo el premio consuelo por lo que perdió..

En todo caso, me conformo con saber que esto es así; aunque sea para no exhibir con desparpajo mis tristes triunfos  ante quienes hoy, con diecinueve años, llevan consigo el boleto premiado.

Por lo menos, hasta que se pasen sus segundos diecinueve años.