Ayer fue un día muy frio para estas latitudes. A las seis de la tarde, la temperatura no llegaba a los nueve grados; no obstante lo cual mi hijo de seis años tomo su campera y salió a la calle. Al rato me asomé por la ventana, y vi que había acomodado contra el cordón de la vereda una serie de papelitos, quedándose él parado -manitos al costado del cuerpo- al lado de dicha serie, esperando inmóvil y esbozando una leve sonrisa.
La curiosidad me llevó a salir para mirar más de cerca, y vi a mi hijo exhibiendo sus dibujitos en la calle desierta. Un papel un poco más grande anunciaba que cada uno costaba cincuenta centavos.
Después de una breve negociación le compré los dibujos, aclarando que, dada la hora, la temperatura y lo poco transitado de mi calle, mi hijo podría permanecer allí horas sin recibir ni una moneda; acaso más entretenido que frente a la Play o al televisor, pero lo cierto es que se estaba haciendo de noche.
Cuando terminó ese día, no pude ir a dormir sin antes quedarme varios minutos contemplando como dormía mi hijo, y aún a riesgo de que se despertara, no pude evitar abrazarlo y besarlo.
mayo 18, 2010 a las 11:47 am |
Yo tengo unas artesanías de ramitas atadas con hilo sisal. Los hijos nos estafan a todos, Matu…
mayo 26, 2010 a las 10:57 am |
¿Se las hizo el aviador?. Igualmente, no va a comparar unos dibujos con unas ramitas … RA – MI -TAS. Sirven como centro de mesa, como adorno para floreros, como colgantes (no, como colgantes no), etc., etc., etc. No se cuánto habrá pagado usté, pero yo un 20 tiro, ¿eh?
junio 2, 2010 a las 12:11 pm |
Se unieron todos para la estafa. No recuerdo muy bien, pero con lo recaudado se abastecieron de helado para todo el verano.