Los días más tristes de los años más felices

By Matu

Fueron siete largos años … siete.

Años en los que, creyendo que se debía a las bondades de Córdoba, ansiaba estar de vacaciones.

Años en los que, hiciera lo que hiciera, era lo que era.

No la pasé nada bien en la escuela primaria. No.

Sería porque al principio debía pararme al lado del pupitre para escribir, o porque la maestra dejó que todos se burlaran cuando -en primer grado- conté que había faltado porque tenía cien grados de fiebre.

Sería porque mi cumpleaños caía en las vacaciones, y entonces no había torta y caramelos en el aula.

Sería porque no me gustaba hacer la tarea de Manualidades, y en segundo grado tuve un “Insuficiente”

Sería porque me cortaba el pelo mi vieja, y me vestía con lo que heredaba de mis hermanos.

Sería porque era medio fulero, y entonces no atraía a las maestras.

Sería porque una vez tuve piojos

Tal vez.

Lo cierto es que me tomaron de punto esos siete años..

Hablo de mis compañeros …

… de las maestras …

… de la Regente …

… hasta del portero.

Nunca fui San Martín …

… ni siquiera granadero.

Una vez fui soldado realista, y para morir bajo la bayoneta de Mariana Velez.

La cosa es que la pasé muy mal, pero me hizo muy bien.

Cambiar de escuela para cursar la secundaria en otro lado, fue más una cuestión de estrategia que un tema de vocación.

La señal llegó rápido.

En el exámen de ingreso, el langa del grado (que también estaba cambiando de escuela -por vocación-), ese que una vez  me dictó todas las respuestas incorrectas en una prueba de matemáticas de un no muy lejano quinto grado, quiso sentarse al lado mío.

“Como una broma más”, pensaba yo.

Comenzó el examen y notaba que mi compañero estaba muy nervioso. Veo su hoja, y advierto que había cometido un error. En vez de trazar un círculo de seis centímetros de diámetro, trazó uno de seis centímetros de radio.

Le soplé la respuesta correcta, y tuvo tiempo de corregir el error.

Eso le permitió alcanzar justo los puntos que necesitaba para ingresar a la Secundaria. Por mi parte, yo logré alcanzar la segunda calificación más alta del examen.

A partir de segundo año seríamos compañeros, y hacia cuarto, casi amigos. Hoy es una de las personas que recuerdo con más cariño.

Hace poco lo encontré en Facebook. Y con él, a muchos de mis compañeros de la primaria.

Me da gusto estar en contacto con ellos, pero no termino de descifrar el por qué.

Tal vez, por esa tendencia a idealizar el pasado.

Probablemente, porque esos recuerdos ingratos también disparan las memorias de las delicias de mi niñez.

Acaso, porque estoy felíz con mi vida, y me gustaría que vean que no soy el perdedor que ellos creían.

Si me contacto con ellos por esto último, será que estaban en lo cierto.

En todo caso, estoy contento, sobre todo porque en todas las fotos que subieron, se acordaron de mi apellido.

3 comentarios para “Los días más tristes de los años más felices”

  1. Estercita 300h Dice:

    Será por la deformación de la profesión que uno tiene o por la pasión por los fierros pero ud. bien sabe que es mucho mejor el metal forjado que el fundido y en su caso la primaria lo forjó para el resto de su vida.
    Un abrazo

  2. Matu Dice:

    Me hizo emocionar, amigo.
    Dentro de unos días nos veremos para brindar por esta amistad forjada a fuerza de Piantino, Superpibe, Gilera, caminatas, conversaciones, Gancias, lechones fritos y demás.

  3. Estercita 300 Dice:

    Les esperamos ansiosos

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