Los asistentes al cóctel respondían a rajatabla a las pautas del evento. Tanto la actitud como la vestimenta eran acordes a la hora y el lugar.
El hombre se aseguró de presentarse en el salón sin pasar desapercibido. No lo logró, y eso jugó en su favor (nunca fue muy hábil para las entradas). Champagne en mano, se miró de reojo en uno de los espejos que adornaban las paredes. Confirmó que había sido un acierto la elección de la vestimenta.
Nada más indicativo de sentirse en su elemento, que aceptar el convite de los mozos que se paseaban con bandejas. Por supuesto, declinaba la oferta de caviar, pero el salmón rosado no correría la misma suerte.
Rindió su homenaje al motivo de la reunión. Era la presentación de una obra de arte, o de la artista, o tal vez ambas. O ninguna. Todos sabemos que eso es lo de menos.
Entonces la vio; o mejor dicho, la percibió. Ella pasó a su lado -acaso furtivamente pero con el oculto deseo de ser descubierta- dejando una tenue estela de perfume cítirco. Inadecuado para la hora, pero ciertamente distintivo.
Él la acechó unos minutos, hasta que se dio el encuentro. A las palabras de abordaje, patrimonio de una logia ancestral y hermética, siguieron las presentaciones.
-Giovanna Carla Petella, dijo ella.
Era la oportunidad de brillar.
-Petella. Apellido italiano, dijo él. Habitual en Piedimonte Matese, pero también en Maharastra, India. Aventureros. Por el lugar donde estamos, puedo compararte con una joya, porque Petella participa en un cero coma setenta y siete partes por millón del universo argentino; aunque sería más raro encontrar uno en Alemania, donde la participación baja al cero coma cero cuatro.
Ella lo miró unos instantes sin pestañear. Luego aceptó las palabras de él bajando brevemente la cabeza y mirando su copa, acaso sin comprender del todo qué mierda estaba queriendo decir el tipo. Tras un par de minutos de frases intrascendentes y dos silencios incómodos, ella y su perfume se alejaron bajo pretextos banales.
Seguro de que era hora de irse, él apuró el champagne, mientras pensaba que éste no había sido, después de todo, un gran hallazgo.
MORALEJA: Usen el enlace para buscar “PUTO”, “PAJERO” o “SORETE”. Para el levante no sirve en lo absoluto.