Años antes que la Municipalidad de Avellaneda y el Alto Palermo Shopping se instalaran en Barrio Güemes, éste era el lugar de esparcimiento de diversos personajes que adornaban sus populosas calles. Estos son algunos de ellos.
C.I.P.O.L.: Terrible pelotudo ya grandecito, que insistía en decír que era el Agente de C.I.P.O.L. Dejó de venir al barrio un día que lo cagamos a trompadas porque quiso cogerse a un pendejo.
El Loco Sergio: Marino mercante, tras meses en la mar pasaba sus vacaciones gastando los cotizados dólares de los ochenta, básicamente en droga. Una vez me usó de escudo humano cuando un zumbo del barrio lo quiso cuetear por bardero. Entre sus hazañas, están la de arrojarse de un Fiat 600 en movimiento y que él conducía, cuya dirección había quedado trabada mientras transitaba por los Siete Puentes. Olvidó, eso sí,
avisarle a sus pasajeros, que salvaron proverbialmente su vida gracias a la férrea estructura de la construcción vial.
La Cuca: Portera (perdón, Encargada) del Edificio “G”. Dueña del gato “Sarampión”, que murió motivo de la crueldad infantil. Tras eso, no volvió a ser la misma. Vivía emboscándonos, casi sienpre sin éxito, porque un fuerte olor a lavandina solía prevenirnos de su presencia.
Pope: Personaje del Edificio “H”, con severa disfunción en la columna vertebral. Los médicos le habían proticado pocos años de vida, a si que fue el primero de la barra en conocer Disney y tener botines Adidas. De impecable atuendo riverplatense, una tarde le convirtió un gol de cabeza a Fabi, el arquero estrella del Edificio “F”.
Analía: Vivía en el primer piso del Edificio “G”, y supo explotar desde pequeña sus turgencias, básicamente, cambiándose de ropa sin cerrar la ventana de su cuarto. Se la apretaron menos de los que cuentan.
Di Natale: Oriundo del barrio, llegó a jugar en la primera de Boca. En su debut, su actuación mereció un puntaje de “3″ por parte de Clarín Deportes. Fue su único partido con la casaca auriazul.
Mario Agustín Cejas: Arquero de Racing en los setenta, solía ír a la canchita del barrio a pelotear con sus hijos. Nosotros le gritábamos “¡Cejas!” y el nos saludaba con la mano.
Gareca: Cierra este primer y breve catálogo, el infaltable borracho del barrio. Solía merodear por la estación Provincial del Ferrocarril, y por el centro comercial del barrio. El almacenero Rubén solía proveerlo de vino “Uvita” blanco. Su hedor asemejaba al de un salame olvidado en el baúl de un auto abandonado en una plaza abandonada. Gustaba de mear en público.
de mezcla, y habíamos desempastado sus tres bujías Champion de fabricación guatemalteca. Poco más había para hacer, el olor a baquelita y cuerina no salía del habitáculo ni con los pinos de toda Finlandia.


